Cuando llega cansada la noche
después de beber la claridad del día,
despierta la tierra sobre mis desvelos
y en tus ojos veo el amanecer
de la oscuridad.
Hilvanando besos,
mis sueños se entrelazan
sobre la piel de tus labios,
un paisaje sin explorar, luna perenne
en un marfil de deseo vulnerable a lo divino.
Ojos sostenidos por el amor
que llena la piedad de vestigios de campanadas
que se consumen en el fuego.
No llegan al asfalto,
ni asumen la luz de tu piel en los vuelos
que gobierna la embriaguez del frenesí.
Llegas envuelta en yedra llena de salmos húmedos,
hay música de laúd donde duermen los espejos
de la calidez y la ternura.
La taza humeante que abraza los susurros de tu voz,
son pliegues en el viaje de los sueños
que acarician tu pecho ante un mar lúcido.
Fragmentos de caminos sin memoria,
corazón de mujer
sobre un tejado expandido al viento
buscando el pétalo de la flor de lo conocido,
lo que perdura en la desembocadura del alma,
el juramento de la apertura de la primavera.
Briznas de un brasero donde vive la ave ciega,
las palabras reposan en los gritos de los ojos,
la luz se filtra despacio sobre tu geografía inquieta,
en los fosos donde agoniza el lirio
al visitar a la paloma.
@José Valverde Yuste
Precioso .👏🏻👏🏻👏🏻 Gracias ...
ResponderEliminarOlga Avtomovici Magnífico poema y melodía relajante y encantadora, acompañados de imágenes de vídeo y maravillosos paisajes. ¡Enhorabuena!
ResponderEliminarInmensamente bello. 🌹
ResponderEliminarCuando llega cansada la noche después de beber la claridad del día...’ Qué inicio tan imponente. Me encanta cómo cada verso va abriendo caminos hacia una geografía íntima y llena de ternura.
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