Amo el amor de un beso
cuando encuentra su primavera,
hace bailar el mar de una mirada
donde naufragan los suspiros.
Amo los labios que se escapan entre olas,
náufragos de sal que muerden el abismo
como suaves promesas de un océano
que ilumina la noche.
Ese amor que se entrega a la mirada
de un mapa de venas que busca su norte;
bebe la luz de la oscuridad,
anhela la libertad en su vuelo lento
endulza la luz del cielo
en esa atmósfera que inflama la mudez.
Un amor fascinado de aromas
en el borde de los segundos,
que haga amanecer el pecho de la madrugada
en este viaje donde el verbo es la ventana
de un paisaje:
latido de paloma adormecido con seda.