Surcas en mí
como las esquinas de esta habitación
en las palabras de las páginas
de un libro pleno de caricias
modulando en mí
las debilidades de mis lagunas.
Llegas con tu sonrisa de flor en plegaria
encendiendo luces con ojos ausentes
aparcando dudas en las tardes
que Dios se confiesa en nuestro altar.
Vibra el sueño con su voluptuoso arrullo
en una tarde de calle estrecha
y silenciosa.
En la ropa elegida para reposar
entre paréntesis de agonía.
Me gustan todas tus realidades:
los vicios de tus gestos cuando preguntas,
la prudencia de tus manos cuando buscas la fruta
y aparece el tropel de las olas.
Las vibraciones de tus labios
con la complicidad de la vigilia de tus besos
de este sol
que respira nuestros cuerpos
jadeando en la febril pasión de la juventud.
En estos momentos se desmayan los versos
y entre la hierba nutrida
nace un poema sonámbulo
entre respiraciones de medusas.