Todo se destruyó por el gemido febril
que alumbra el peso inmerso en las cicatrices
de la apetencia.
Todo sucumbió en el quizás se estiren las venas
ante el colapso de la brújula
del no puedo.
Una orfandad que soñó con inviernos
de fríos mares, una especie de sombra
que apuñalaba la medianoche
bajo este mar de herida abierta.
Conviví con las perfidias de las luces sin brillo
en la distancia,
me vestí con las dudas de la llama muerta en la noche,
la ternura inundada de conjuros
navegando en la tempestad interior.
Ahora tiembla lo dotado de un mar ronco
con el suplicio de un alma seca
donde lo precoz consume a lo anciano
como voces silenciadas en la fiebre de los recuerdos
en mañanas donde la luz se baña sobre hojas secas.
En la cálida sombra hay olvidos oxidados
con ellos escribo con alas de fuego
las lágrimas de este cielo vacío
que ya no duerme en las venas de los tallos
aunque aún sueña con ese jardín dormido.
@José Valverde Yuste