Eres el incendio
que el agua no se atreve a apagar.
No me digas nada.
Basta con que te quedes así,
con tu voz de seda desnuda de palabras
sosteniendo en mi hombro las luces
que despiertan a los gritos.
Eres la herida
que le da sentido a la sangre
oscuros cauces donde la sed es un deseo
que nunca cierra.
Siempre dibujo sobre ti palabras
que llenen el hueco de tu nombre.
Mis venas sostienen,
el nudo infinito desprendido de tu tarde.
El hambre que todos los vientos consultan
para mantener viva tu hoguera
Eres un desborde de luz
que en su dulzor me abraza.
La copa que no pregunta
quien calma su sed.
Soy yo el náufrago, el sediento;
y tú el océano
que ha venido a inundarme
con el agua dulce de tus ojos de sal.
Tu sangre es el eje del mundo.
Yo, el perfume del rayo.
Sobre tu campo en flor,
vengo a perderme
en esta forma de morir despierto.
Quédate así, en tu centro de sombra,
mientras mi tiempo se astilla sobre tu piel,
No hay salida, estoy devorado
en este incendio sólo pervive
tu boca y mi sangre.
@José Valverde Yuste