Hundido
en la conciencia de la rosa
limitando con sus pétalos
sin dejar señales en la isla
lloro ante sus lánguidos senderos.
Flor fingiendo a la luz del manantial
llena de frescura,
despertando la virginidad del tiempo,
fuente envuelta donde vive lo puro.
Brizna de garganta silenciosa,
túnel de quieta agua,
derrumbada sobre algas en trance,
sobre la piel transparente del naufragio,
ciñéndose a la locura de la paloma blanca.
Hoy me he atragantado
con la carne donde florece
lo satisfecho.