Tú nunca te irás
porque duermes en mí,
entre pausas de manuscritos
respirando en la sombra,
entre secretos huecos
en un monte que está oculto
en un rincón ya clasificado, con tu aliento,
luz de brisa, que no deja sonido.
Yo te guardo en mis lágrimas
que caen como lluvia
en un espejo roto.
Te oculto en mi pecho,
todo esperanzas,
como voces perseguidas
por un acero candente
que arrasa con el calor
que aún me transita.
Las horas se estiran,
eres sueño y tormenta,
misterio oculto
en los pliegues del cielo.
Nunca entenderás
los destellos de la agonía
que mueren sin saber lo que es querer
frente a este mar de cielos hambrientos.
Tus ojos, faroles en la niebla,
han mordido las alas de mi espíritu,
han quebrado mi pupila.
El sol reposa, bajo tus arcos de luz,
entre racimos de flores doradas.
Mariposas con herida abierta
vuelan con alas azul mar,
y en tu jardín resplandece la llama
donde el tiempo no transcurre,
se apoya en mi breve espacio;
ahora, todo es tributo a tu simpleza.
Manoseo el agua salada
en ese lugar donde nace el placer.
saboreo lo efímero,
donde alimento mis deseos
tan llenos de ti.
Entonces el mundo se transforma,
el azul se vuelve fuego,
y el rojo predomina
esta noche de verano
que me lleno con el fondo de tus ojos.
@José Valverde Yuste