De un sitio innombrable,
casi a ras de suelo,
el amor brota como una violenta luz,
un crujido en la hebra del rocío.
Sobre el frescor
de un bosque naciente,
entre prados sembrados de cielo,
el agua viva transita sobre el verbo
limpiando el residuo, ahuyentando
el abandono.
La raíz profunda de la rama quieta
busca la luz de la flor;
el deseo, encadenado al mordisco;
la cascada, devorando al mundo.
El alivio de la piel
aullando a las horas suicidas:
la sed condenada a morir
en la pureza de los segundos.
@José Valverde Yuste