En la noche, ese espacio tuyo y mío
me abrazo a tus caricias, al placer sin acertijos
de esos sueños
que se ocultan entre tus ropas de seda,
en una frontera móvil donde florece la infancia.
Te guío por caminos perversos, esclavizo tu corazón de gaviota
en un claro del bosque los silencios se hacen gigantes
y, aunque no brote el sudor de tus hambrientas pupilas
la brisa que te acompaña es un barco navegando
bajo el encanto de tu bahía.
Mariposa mía, desfilas por una calle,
salen de tus manos sonidos sin voz;
la flor es el nervio de una ola, la ceremonia
que abre tus ojos al incendio.
Te desnudan las sombras bajo la luz de la luna,
en un molino vagabundo donde las luces
son atravesadas por un arroyo,
donde lo tangible reside en lo invisible del suspiro.
Eres la sonrisa de la buena hierba,
el sordo rumor de las cicatrices ante la indecencia,
el alma del viaje a lomos de un campo
sediento de vivir las romerías en tu caverna.
Una punta de ruta con miradas dirigidas
hacia donde se contornean los deseos de la noche;
estoy transitando por tu galaxia, en línea recta,
sin esquinas.
@José Valverde Yuste