Tu cara es un territorio
de luna encendida,
un racimo de estrellas blancas,
el magnetismo del cuarzo.
Me hundo en ti como las redes en el mar,
eres quien guarda la luz del brillo
de los océanos,
el jardín donde se detiene el sol.
Tu pelo es una hoguera de oro,
un incendio de espigas,
una selva de media luna
con el magnetismo de un relámpago.
Tu cuerpo es el vino que mi boca persigue,
el río que vierte su fragancia en mi mañana,
la corriente que arrastra mi sangre
hacia bóvedas de aguas abiertas.
Estoy naufragando en tus jugos,
en este valle de selva incendiada;
ya voy dejando huellas por tu valle
para morir abandonado en tu cauce.
@José Valverde Yuste