Sol esculpiendo la piedra filosofal
de los amores,
una oda a la vida donde encontramos
regalos y heridas,
en un cielo cada vez más gris.
Juventud efímera, puerto en mar de olvidos,
reloj implacable de pasos lentos, firmes;
cargado de páginas escritas,
con profundos lamentos;
gritos en la maleza del bosque
descubriendo el tapiz de la vida.
Alma mía, lágrimas tristes brotan
en un río de dolor
recordando gotas de lluvia pulverizadas
sobre el cristal, entregadas al viento.
Atardecer de sombras desgastadas
arrugas de horas vividas
entrelazando suspiros
con amanecer de difunto,
que, como historia pasada,
nos envuelve en rojez crepuscular.
Luto escondido entre montañas,
como huracanes embriagados
soplando con la culpa del olvido.
Solo, la muerte espero,
entre las raíces de la vejez;
viajando en galerías eclipsadas
de otro mundo, fuente de luz,
y dejar atrás éste, lleno de parques,
donde la otra orilla no existe.
@José Valverde Yuste