Ayer, donde la sombras cierran
la puerta a la luz,
vi tus ojos comprimidos
en ese instante que la luz se escapa.
Había un brillo olvidado en las fases dobladas
de ese resquicio de la belleza,
donde los sueños caminaban descalzos
y el silencio gritaba a lo que no se atrevía a tocar.
Ayer vi, detrás del atardecer,
aquella despedida de palabras que se ahogaban
en la lágrima vestida de queja,
desnudando las verdades
que alguna vez creí firme como rocas.
Ayer me cuestioné el sentido
en este laberinto de espejos cruzados por rayos,
que dejaban caer los hilos de lo evidente:
las preguntas del miedo, las hebras
del asombro.
Ayer temblaban las caricias en mi rostro,
las flores escondidas bajo el peso de la desilusión.
Nadé por el océano del engaño
y te ví entre bandadas de cuervos,
surcando por la curiosidad de quien se adentra
en un campo sembrado de falacias.
Ayer vi el humo sin hoguera,
y al abrir mis manos,
sólo hallé el rastro amargo de tu ausencia.
@José Valverde Yuste