Es cierto que te place ahogar
esa luz que se oculta
donde el Edén medita con la razón
a través de un abrazo perdido
que se extiende en el abismo de lo mágico.
Entonces tu alma sangra el verso inconcluso
que se entrega al latido de la herida
tocada de cielo.
Oye los mares profundos
con sus intensos brazos teñidos por el faro
que pinta de azul mis sentimientos
con sus pies cansados.
Es el preciso instante en que abro mis alas
hacia un paraíso eterno, sin retrasos,
hundiéndome en lo vertiginoso,
sobre lo interminable y allí converso
con la palabra
que derriba la sangre ya consumida.