Justo allí, en la cumbre,
el mar se elevaba
sobre el lomo fugaz
de una ola ascendente
suspirando entre el hálito leve
de una lira.
Un instante intenso de fragilidad extrema,
el fragor de una visión desmesurada,
más precisa que tus ojos,
en el nervio del agua.
Estabas sola,
en el mediodía de la espuma,
en el centro de tu ser,
sobre el punto exacto de la inmensidad.
En aquel trono de la tormenta, quieta,
crecía el universo acariciando
las silvestres primaveras.
@José Valverde Yuste