Inmóviles, despertando al rayo oculto en la mirada,
tumbados sobre la verde hierba,
ante la partitura de las hojas y la sombra de la encina
preparamos el amor,
con las esquinas de las pupilas llenas de luz
de ese mar de amapolas que nos baña.
En este estado de fronteras estiradas,
buscando la luz del musgo,
nos amamos hasta la última gota de aliento,
como una marejadilla ascendiendo
a la partitura estrecha de tu mar radiante.
Oh, jazmín desnudo, cielo de zafiro,
perfume de rosas en el acantilado donde muerdo las olas;
eres el trino de un pájaro cuando recorro tus senderos
buscando la utopía de ese valle llamado libertad
con la calidez de una antorcha y la fragilidad
de un cristal en su íntima transparencia.
Como el vuelo de una constelación sin remordimiento,
cuando la sed late y lentamente le habla la sombra
a la antorcha de fuego que es tu lengua,
al surco de espuma comprimida,
contemplando el salto de la catarata
bajo la sombra de aquella encina.
@José Valverde Yuste