que adorna el capullo
su encanto brota.
la cigarra cantando
el aire ardiendo.
susurros del otoño
hojas cayendo
POEMAS
Mis ansias de volar hacia tus cordilleras
me hace beber de la palabra
que florece en el aura de tu mejilla,
respirarte para abrir el cielo de tu gloria.
En esa breve estancia de golondrinas en bajo vuelo,
busco una luz atada a tus pies,
un salto de agua violentado por las tempestades,
una aguja abrigada en el decorado de tu piel;
lo ahuecado del silencio que respira de tu nombre.
Subo hasta alcanzar
los sueños dormidos en tus labios,
el frío oculto en el corazón de tus muslos,
la sombra de la oscuridad donde copula
el aliento.
Una luz consciente,
una locura transparente atrapada en el mar,
despertar los deseos que necesita la tarde
para no morir en su agonía,
para no ser embargada y ser destino
donde me inclino para encender el verbo
que se clava en tu orilla.
Son deseos de calle principal,
avenida de viva voz consagrada
a la seda que desprende la luz
de las tupidas grietas atadas
al cultivo de las rosas.
@José Valverde Yuste
Recorrer aquella orilla vestida de mar,
aquel paraje a medio hacer,
semi desértico, con cactus y crasas,
presidiendo la espuma, que pervertida,
azoraba tus muslos.
Contemplar los arañazos de las olas a la arena,
palpitar con las inocentes ondas de tus cabellos,
acariciar esta luz pintada por dedos de alquimista
envuelta en esta brisa apagada,
desprendida de lo dorado,
alimenta la sombra de mi pensamiento.
Este atardecer me arranca lo vivo del sudor,
son martillazos que percuten en mi sangre,
escarchas de gorriones en vuelo,
las bisagras de las pupilas buscando la sonrisa.
Ser libre como los acantilados
cuando abren sus ojos al vacío,
ver la rugosidad de la luz cuando penetra
en la oscuridad, mientras paseo el alma,
cuando el día derrama su sangre lleno de nostalgia
es vestir el romanticismo con la herida de la tarde.
@José Valverde Yuste
En esta habitación desvencijada
haciendo morir las horas
Intento sacar las llamas de tu encaje.
En ese momento brota la tormenta,
en el punto inicial del rayo se abre la luz
en ese estanque encerrado,
deseoso de arder en ese sofá
de aspecto cadavérico.
Este sentimiento de flor en el paraíso,
en cielo azul, me saca los labios de la boca,
abre el corazón ante este televisor apagado,
se confiesa a la serpiente.
Ya tiemblan las botellas de la mesa,
la lengua busca el ojo a punto de nieve,
canta el ruiseñor cuando arde el pijama.
Ya todo se abandona,
ha llamado el paraíso a la puerta.
@José Valverde Yuste
Dos cuerpos se juntan construyendo
un espacio nuevo, dos templos reducidos
a un abrazo, a la fantasía de este lecho quieto
donde la ensenada recibe el ímpetu
de la otra mitad.
La piel se tiñe de plata en la orilla del deseo,
en medio de este bullicio sordo,
donde se explora el roce de las caricias,
hay estrellas que desafían las reglas, solitarias,
en esta ciudad que nunca duerme.
Indagan buscando la luz,
ardiendo en el eclipse de la noche,
como ríos ocultos bellamente fragmentados,
adheridos, en ese rincón del cielo
que sólo ellos conocen.
Conviven con un grito que añora lo que ha sido
y luego, en la calma,
sobre la sombra de un fuego extinto,
entre los límites anchos de las sombras, arde sin prisa,
saboreando la brevedad de este roce eterno
donde se entrecortan las palabras,
en esta noche abierta por la tormenta.
@José Valverde Yuste
Cuando muerdo tus amaneceres,
en su altar mayor, y los respiro,
resplandece el primer suspiro de mi juventud
asido a lo irisado, a lo azulado de tus venas.
Acaricio tus piernas de gacela,
busco entre tu falda la fantasía con mis dedos,
te miro desde abajo, extasiado,
como si la adolescencia me golpease
y abriese la oscuridad
de lo profundo que te habita.
Te hago lo de siempre, a hurtadillas
exploro cada rincón donde se consume
lo pervertido de la mirada,
disfrutando lo respirable de tu belleza.
Asciendo hacia las ondas de tus encajes,
hacia la sed de las caricias y los besos,
allí, todo el deseo contenido me desborda,
cubriendo con voces leves
las sábanas blancas sobre el fuego
que emana de tu lecho.
@José Valverde Yuste
Despierta el jardín al umbral del amor
ante un cristal quebrado de rocío,
que recuerda auroras de sol abandonadas,
huellas de sueños sombríos,
buscando el perfil de la flor entre ráfagas de vida.
Se apaga la luna, cerrando sus pétalos
como hechicera que la luz aguarda
en sombras dulces;
rompe sus lágrimas ante las dalias
jurando volver cuando se debilite el cielo.
En su lecho lejano, el sol, durmiente,
resucita cicatrizando sus arrugas;
con la verticalidad de su luz tiembla el reino oscuro
entregando su beso helado al final de la batalla.
Explosiona la vida hilvanando sienes,
levantando el lecho de sombras,
conjugando la adolescencia de este olvido
que vuelve ahuyentando lo gris
con la tenaz mirada de la flor
que se abandona a la caricia del viento.
Sigue lentamente resucitando
aquello que sueña despertar de su anhelo,
llenar su espacio de alas brillantes como la seda;
y en cada aleteo trazar al sueño
un sendero de lágrimas claras
bajo nubes que suspiran por ser comprendidas.
La brisa guía al colorido que fluye, sin rumbo,
en su lecho fluvial,
donde las raíces ahondan en campos esmeralda
ante los ojos vírgenes de la mañana.
Te veo en la mirada que vertebra mi sueño,
mariposa viajera,
en tu vuelo errante buscas el néctar de la vida
que teje la primavera en su eterno surco
de sangre renovada, mientras un canto al amor se eleva
entre el silencio moribundo de las estrellas.
@José Valverde Yuste
Soñando con la inocencia de tus bordes
contemplo el mundo
a través del yacimiento de las grandes guerras,
lo que me ahoga en el estanque
de esa gloria sin matricula.
La pureza de los silencios ensalzados,
las lascivas estrellas que alumbran tu alma
me invitan a soñar con lo profundo del día,
y ardo en tus desiertas avenidas.
Cuando no amaneces pegada a mi brazo,
sangre de vena herida en su jugo
me pide que baje al Dios
que me ayude a mirar los ojos a la vida.
La jungla de la maternidad,
donde perviven los escalofríos,
bajo el ancho puente que da gritos a la lluvia
y la piel que recibe la mañana en el otro ser,
me devora lo tierno, donde compones mi rima.
@José Valverde Yuste
Me enamoré de las pisadas sin amparo
de aquella ave apenas sin plumaje,
de aquel mar que cortaba su raíz
en los troncos que la noche olvidaba.
Fue un amor sumergido en tinieblas,
entre las velas sin anillos,
cuando en su subida al cielo
la mirada de la tarde, aún hambrienta de luz,
buscaba los rescoldos entre la ceniza.
Eras torre que encerrabas la verdad de la tarde,
una arrolladora curva sin brújula
jugando con la promesa inocente del deseo
cuando abrías la flor de más ancho mar.
Perforaban la luz en mis brazos,
en los ojos del río cuando el enjambre
con su tierno polen adormecido bordeaba
el océano con el contorno de los dedos.
¡Oh! Azahar de perfume prolongado,
suavidad de terciopelo en sabana donde ruge el león,
agua profunda que resucita olvidando lo triste,
con la humedad en la senda muriendo,
en lo ambicioso del camino.
@José Valverde Yuste
Emerge tu recuerdo en la noche
en la que estoy fundido con la espuma de la ola,
dormido con la inmediatez del lamento
que une lo lejano con lo persistente.
Es un río que resplandece en mis ojos,
la desembocadura que se anuda al mar
con su plañido de muerte obstinado,
se descuelga por la catarata de la soledad
de estos pétalos sin sangre, fríos.
La estrella que abraza el germen de la nostalgia
me ve abandonado,
en ese mar que mece las huellas de tu amor,
ese proceder de aurora arrugada
me lleva a la luz de tu sueño.
Esta sombra oculta en la voraz calma de esta tormenta,
me sumerge en la oscuridad de estos días
que veo partir nuestras noches de celo
sobre los escombros de este momento sin luz.
Abandonado, detrás de mí sombra,
te busco, convertido en cimiento de enredadera,
en palabras ocultas vacías de latidos,
en esta tierra infecunda donde mueren los amores,
lejos del vuelo de la herida,
sobre faros que ya no orientan ni guían.
Beso de sangre en la luz de tu mejilla,
viento huracanado en el oasis del cielo de tus labios
enmudecidos por el consuelo derramado
sobre la voluntad de tu voz de seda preñada.
Catarsis bajo un cielo de labios
que golpean la médula, aireando la frescura
de esta noche de respiración líquida
del labio de rosal caído
sobre la alcoba de garganta hambrienta.
Panal bohemio dislocado por esta senda
donde resucita el palpitar del sol
ante los pechos ungidos de cremoso desvelo
embriagados por ese desvelo que se desliza
entre sombras perecederas.
Temblores en éxtasis sedientos
delimitando el cortejo del nido
en ese réquiem donde la nieve es torbellino
de gloria, y los minutos juegan con los suspiros
vacíos de los ojos.
@José Valverde Yuste