Esta habitación se enciende
con la luz transparente de tus cabellos,
cuando tu nombre araña a la penumbra
basta que mi garganta roce los bordes de sus letras
para que la estancia estalle en brasas.
Se agrieta el hormigón del alma
ante el vértigo del hueco que ocupas,
flor de cumbre herida:
tú enmudeces el deseo de mis manos.
Se rinden los rayos del sol, avergonzados,
al tocar tu silueta,
antes que el silencio te siembre
con su hambre de espiga.
Te pertenece este fuego,
lo anidas en este amanecer
con majestuosos nervios de luz
que apagan la nostalgia de las sombras
que orbitan sobre un mar,
que me dicta tu nombre al oído.
Te siento en la voz de cristal
de estas ventanas,
en el rastro del temblor de tu mirada
cuando custodio tu espalda
ante el escalofrío de tu desnudez,
y te hundes en la madura adolescencia
de este grito sin palabras,
de este verano con cielo.
@José Valverde Yuste
