Fuimos el calor del poema
lo frágil de las pasiones furtivas,
el temblor de un beso en los labios,
las notas sostenidas
mientras caían las horas
sobre los charcos de lo apacible,
constriñendo la pequeña estrella
cuando el corazón
se llenaba de aventura
entre paredes huecas.
El humo del amanecer se cruzó
con las hazañas de la piel,
ante el asombro de la necesidad,
con la respiración desnuda de las sábanas.
Tembló el sueño despacio,
prendido de nuestros cuerpos.
Amanecí dormido
entre impacientes escarchas
en la cicatriz privada de tu piel.
@José
Valverde Yuste