En aquel corral, de las hojas de la higuera,
brotaban líquidas promesas de leche,
que de forma alborotada surgían
de kilométricas lenguas
de un tronco encharcado
con la semilla del incendio y el grito.
Estelas de cometas sobre blancas ramas
vestían de luz las brevas redondeadas,
antes de rugir el fuego en las miradas,
que hacía afianzar lo profundo,
el marfil con cabeza de cielo.
La noche estaba en sus comienzos
y vestía la sangre de la luz blanquecina,
aquella nieblas densas
excitaban aquel corazón
en su sacrificio más sensible,
y hacían brotar promesas de tu rostro.
La víbora se arrastraba por esta oscuridad
mientras iba entrando en calor
el lago transitado por la calma,
por lo tentador de la rama alta,
soñando con ese gesto de debilidad
de la primavera.
En aquella lumbre de corazón
continuaba el revoloteo del pájaro
entre los bordes de aquella manzana rosa.
Todavía se oye el ruido, cuando se calla el viento.
@José Valverde Yuste