Ese tajo de carne abierta
es el mar.
El pulso donde los cuerpos buscan la marea.
Territorio de húmeda existencia
entregado al goce de la especie.
@José Valverde Yuste
POEMAS
es el mar.
El pulso donde los cuerpos buscan la marea.
Territorio de húmeda existencia
entregado al goce de la especie.
@José Valverde Yuste
Hoy reclamo tu torrente
en esta noche de pólvora encendida,
de manos abiertas
busco lo voraz, lo curtido de tu luz
para guerrear sobre tu llanura.
No quiero ser el gemido sin pasaporte
de tu primavera,
el sueño disperso de una maleta
sin destino.
Ahora ocupo´las ascuas
de este pasillo ciego,
mientras despierta tu noche
asesorando a mi pluma.
Las voces de las balas ocultas
ahora son tiempo,
espacio pequeño y vertical,
que se viste de nosotros.
Cierras los ojos. Promesas de voces que no se sienten son la llama. Separadas en la distancia por lenguas de sonidos que van hacia ti. Inmóvil frontera enamorada de las nubes. Paisajes donde se confiesa la oscuridad en el límite de la mirada. Belleza de impoluto color. carne donde la luz no busca atajos sino la distancia del aliento. Agonía llenando las esferas de canto. Mar apresurada en iglesias con escalofríos. En esta constelación duermen las violetas entre las rosas, empapadas de ternura, cuando tengo mis labios cautivos en tus alas. En este paraíso de éxtasis corto, los estambres, son las letras de tu nombre. @José Valverde Yuste
Asomamos los ojos
a través de la grieta.
Fuera de la cáscara
el día es un animal limpio
que nos espera.
La respiración de lo otro
nos ha inundado los pulmones.
Ya no somos los amantes
que se duplicaban en el espejo,
somos criaturas desnudas,
recién nacidas a la luz
de un cielo nuevo.
El huevo de la noche
se ha quebrado para siempre.
Caminamos sobre los restos
de la yema
sabiendo que ya no hay muros,
y que el parpadeo del cielo
es ahora
el ritmo de nuestro propio corazón,
abierto a la intemperie de la vida,
a la bondad de lo efímero.
@José Valverde Yuste
Hoy siento el vacío
de tu luz entre los huecos insensibles
de mis dedos.
Este puente es un testigo con ojos
del fulgor de la carne
que todavía me nombra.
Este silencio es posterior a la palabra,
cuando la bajamar, sin tregua,
se ha instalado en tu vientre.
Este amor es ya la grafía del sudor
sobre la piedra,
el deseo ya no se escribe con saliva
se queda mordiendo el día
sin hacer uso de la noche.
Hoy ya no invoco tus aromas
te siento en la penumbra
de mi desasosiego.
Eres:
un latido de invierno,
una tierra con jardín sin flor,
una escaramuza sin temblores,
un fémur atrapado por un coxis.
Sí amor, siento que este Dios
que nos habita
prefiere la insensatez a la cordura.
Trae las manos llenas
de arena con chapapote
y roza los días
que ya no tenemos.
Pero aún me queda la piel,
contemplar el aroma de las estrellas,
el inicio de la luz sobre el limonero,
la fruta con la que sueño
en la sagrada impiedad de tu cadera.
@José Valverde Yuste
No me importa que vengas sola
con la sangre derrotada
vestida de besos aún confusos;
pero ven despojada de historia
como un río que olvida las riberas de lo conocido,
desnuda como aquel relámpago
que pisó la húmeda arena.
Espero no hayas olvidado los nombres,
ni el puñado de vocablos
que hacían temblar todo.
Deja olvidada en la esquina la falsa sombra
de los que se resignan a vivir
sin el choque de la sangre.
Ven con tus manos hambrientas,
con el pecho cargado de equipaje,
sin taras,
pisando el suelo
que se quiebra antes de sentir tu beso,
la pureza que de ti emana con la sed de la ternura.
Aprovecha todo el saber para conocerme otra vez,
ya he dejado lo maligno en el armario,
ahora me visto de infancia, con ropajes de primavera;
te pido que alimentes mi derecho al fuego,
así que abro mis manos y me entrego a soñar,
henchido de tus mares y sus islas.
@José Valverde Yuste