Nunca he visto nacer la luz de tu corazón,
pero sí oí golpear en las paredes de tu mundo
una marea cautiva
por donde tu ansiedad sube desbordando la voz.
Te miro y veo cruzar por tus muslos
una fiebre que no es la vena
de ningún manantial,
ningún refugio de un amor tibio,
es la corriente
que irrumpe en una alcoba dormida
atravesándola de lado a lado.
Alucino, bebo de la eternidad de tus senos,
de la playa que me invade con su luz,
brotando y cantando a la fertilidad.
En esa visión
naufraga el orgullo de los barcos.
@José Valverde Yuste