Bajo un palio, he bordado un nido,
un refugio, donde revolotea el soplo
de este amor hondo e íntimo,
oculto tras un velo de cariño.
Mi presencia se filtra en tus grietas,
sin permiso,
sin importarle que seas una flor
llena de ternura.
No me importa que vivas
en la ensenada de un puerto
con la piel de la espuma estremecida,
aderezando mis manos
antes que tiemblen las pestañas.
Cuando te amo habito tu luna,
hago un coctel con la noche,
bebo del cristal de lo que se desvanece,
mi alma es un volcán
y tu rocío, se convierte en mar.
Mi sangre, en su calma fingida,
es la marea que busca el incendio
de esa sola vida que vive en ti,
el sueño que arde antes de arriar las velas.
Mi corazón no entiende de treguas
ni de olvidos, ni se rinde
cuando lo golpea el viento
con su absoluta ceguera.
Es la inocencia de la luz,
el envés de un vestido en sus tonos
de gloria, el abrazo de lo urgente,
el sustento del mundo
bajo el peso del tiempo.
@José Valverde Yuste