Pasa sin decir nada, levitando
en su suave aleteo de mariposa.
No busca la luz de un sol
que el mundo no contiene,
sólo el logro de encontrar
palabras sin huecos,
la ternura de las nubes desnudas.
Sus ojos, luz con fragancia
en el borde desordenado de sus cejas.
Sus sueños, falsos suspiros,
cuando la claridad se enjaula
entre sus pupilas,
como flechas de arco iris,
en el denso terciopelo
dónde vibran sus pestañas.
Olor a infancia en verde condensación,
piedras de cuarcita con musgo es su mirada,
donde los bastoncillos describen la luz
que guardas en el tiempo.
Brevedad de agonía silenciada,
mientras el sol acaricia al viento
con aromas recetados de sueños perdidos.
Es tu flor, adicta al aliento de mi aliento,
Te ocultas en el susurro de un amanecer
con mochila en sus inicios.
Ese tiempo plegado en un vientre
tiene restos de llanto tardío, y de pulsos
con los sueños y las sombras,
Esos pulsos contienen el eje
de tus sentimientos.
Tus manos, a tientas, buscan el borde del cielo,
rascando los signos que el alba ha marcado,
voces de rocío entre los pliegues del día,
levantan en ti,
el sublime fragor de lamentos y calmas,
que tejen estrellas en tu alborada,
donde lo breve es eterno.
Eres brisa suave que apenas se siente,
la extraña persuasión
de lo que acontece sin miedo;
porque, tal vez, lo incurable está presente,
eres un lamento suave,
un eterno kilometraje hacia la gloria,
la chispa encendida de ese paraíso
que me muerde.
@José Valverde Yuste