Te desnudo mojada, no temes a la luz, ni al foco crudo del amanecer que entra sin pedir permiso por la persiana. Mírate. No necesitas filtros, tampoco poses, ni la aprobación de la pantalla. Eres la única verdad que desprende el día. Quererte es esto: aprender a mirar el fuego, de frente, sin parpadear. Tus pétalos se han olvidado del invierno. Todo es verde en tu paisaje: un idioma de musgo, un agua transparente, el altar que nada tiene que ocultar. Veo tu cuerpo extendido con los ojos cerrados palpando al mundo llenos de luz. Más allá de la realidad viviendo con el deseo. @José Valverde Yuste
que acarician las olas, pero de continuo callas, silencio que pesa, como un temporal dormido
en los acantilados. Resbalas en las arenas, diluyes la esperanza que florece y se quiebra, en la frontera de mis hechos. Conchas despojadas de ecos buscan tus huellas en ese mundo de luz, de piedras preciosas acariciando mañanas esperadas. Las olas susurran secretos en longitud deshecha, danzan en círculos, como mis emociones. Tu sombra se asoma en sueños
palpitando lentamente, como el viento perdido
en futuro convulso.
Instante de cuerpo toda garganta, abismo en cuyo vuelo l
a flor se deshace. Mis días son lagunas en llamas, cortinas de estrellas, cuando el sol se oculta tras las nubes buscando el umbral
de horizonte emplumado. y en cada amanecer, mi alma se asombra, esperando tu voz como tornasol enriquecido, deambulando entre sombras de luz que me sostienen. Sí, a veces me respondes, misterioso milagro
que la brisa trae, urgente camino
que entre las arenas anida, y en el vaivén de las olas encuentra mi aliento.
En la algidez,
cuando la espuma brilla en tu embriaguez consolando la dicha. A veces me respondes,
aunque el tiempo sea un andar cansino como mareas
que arrastran tus recuerdos. En la playa desierta, donde el amor me guía, espero siempre, aunque el sol esté lejos en la metamorfosis que comienzo en estos cielos abiertos. @José Valverde Yuste
Se visten de
fiesta los trajes sobre la
piel de la
adolescencia, naciendo el primer
aullido de hervor
temprano. Las yemas de los dedos se impregnan
de ti asomando el
canto al leve
espacio del roce entre dos
cuerpos. Las
distancias son partículas de
pradera, aliento de
rocío, ciénaga intensa. Todavía prende la
luna en su
combate con el
hambre de tus ojos.