Porque cabalgo sobre tu abismo
de línea estrecha, cargado de huellas,
cuyas arterias son luz deambulando
por el pudor del inocente prado
que sazona la anemia
de la sombra.
Porque ya ha cicatrizado
la herida de la raíz
que llora detenida, en el silencio,
a la soledad del suspiro.
Busco tus pabellones
a reventar de playas
y tus guaridas llenas de latidos
entre cumbres y flores.
Ya no expira
lo que se consume al inicio,
porque cae suavemente sembrando
sobre flores que no mendigan,
cuando nos entregamos a la verdad
que tú ocupas.
Ahora escucho
la hierba consagrada al suelo,
brota la felicidad que mira pasar
el ardor celestial
que mece lo blanco de las fosas
cuando se carga la sangre de lujuria
Qué límite más allá del día
me consume entre lenguas osadas,
mientras dialoga la vida
con el canto breve de tu desnudo
temblando
ante llamas que me llaman a gritos.
Qué brotes turbulentos
despojados de garganta
oprimen mi jadeo
cuando cae la tarde sobre el tejado
y la flor respira de mi sueño.
©José Valverde Yuste