Eres el oleaje, nunca el ancla,
luz de paso que calcina mientras alumbra.
cruzas mi frontera sin equipaje
y en tus muslos se rinde la luz vencida.
Llegas desnuda de ayer, un instante divino,
degollando el nudo de la luz que se rinde,
un derrame de fuego
sobre el incendio de tus muslos.
Corazón de juventud breve,
eres un relámpago de sangre,
deseos que alimentan los diques de mi pecho,
un roce de alas en mitad del frío;
la seda quemada en la lumbre de la carne.
Pasos que discurren
inyectando el placer que beben los ojos;
el estallido de la verdad que no tiembla,
sobre la espuma de tu estrecha tierra húmeda.
¡Ay amor!, ya degusto tu perfume,
duermo en tus labios,
sobre las palabras que sienten las escarchas,
avivando las horas que desnudan el alarido,
rozando el calor del aliento.
@José Valverde Yuste