Se rompía la sangre
en el frenesí de una alcoba
que gritaba al aliento
que devora la duda.
No importaban las horas
que naufragaban abriendo la rosa,
ni las veces que sembraba en ti
lo increíble que imagina la mente.
Tampoco los archipiélagos disecados,
ni el arco que derribaba el muro,
mientras las palabras temblaban
entre las delgadas piernas
donde habitaba la inercia del sol.
La boca irrumpió en revuelto río,
sobre un retoño de ascuas apaleadas,
y el eco de la vida con sus rosas
en cumbre de campanas,
tembló,
Ya oigo el rugido de la luna,
los sudores respiran lentamente.
@José Valverde Yuste