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TÍTULO: EL TIEMPO


 

El tiempo, ese cometa de párpados volátiles,
se desploma en su propio infinito
cuando cruza los calendarios
como un rastro de polvo que se olvida.

Ese polco cósmico,  
lleno de espíritu con antorchas,
bajo el desamparo de un sol indeciso,
es una senda que se pliega en la sombra
y no sabe si perdura 
o se evapora en forma de olvido.

Hilo de excursión que se pierde
entre las fauces de las noches y los días
buscando un faro que lo devuelva a su origen.

Sombra de un mirar sediento, 
oscuro invento de cuenca vacía
huella de un camino a la nada, desierto sin voz
que cruza por el mundo sin consuelo.

Ceniza y estela de un amor efímero,
el cansancio de la carne que sabe que no es tierra,
aunque el vuelo, con su caudal de vida y muerte,
 nunca desiste.

La bóveda de este templo abierto al relámpago,
navegando por su sagrado río
busca en el silencio la pausa eterna,
la clausura del ruido, en un viaje inesperado
sobre el temblor de un mar abierto.

©José Valverde Yuste

HOJA DE OTOÑO


 
Esa hoja en el suelo, carne con circulación asistida,
con su ictericia perpetua, fiebre que la consume,
ya no escucha las voces del bosque
sobre el vasto suelo donde se extingue.

La fragancia de los recuerdos en savia,
con el viento eterno, ahogados en el aire inmenso,
partieron en volátiles membranas
de una vida con su corazón de nube.

Hoja amamantada de nostalgia,
ofendida en la nada de la vida,
rastrera yaces,
pisoteada por los pasos del mundo.
Dando alimento a la esencia divina
donde todos volvemos.

Mundo incierto de paso lento,
sin ropaje, desnudado en la penumbra del olvido.
Sueños de adiós en la caricia destructora del tiempo,
gemido de un cosmos ciego y desconcertado.

Ya tu rojo corazón,
veta de savia embalsamada, no despertará,
se encamina en un denso silencio de raíces
hacia el ciclo eterno de la tierra que te reclama


@José Valverde Yuste

TÍTULO: CADERAS ACORRALADAS

 




Cuando me miras, desciende 

el cuadro de la virgen;

me supuran los párpados  

mientras las cejas se duermen 

en el arco de tu fuego.


Tiene pérdidas el grifo de mi afluente, 

la compuerta del pantano se resquebraja 

y tus caderas se sienten acorraladas 

por la pleamar de la luna.


Fisuras en el trino del pájaro 

mientras la tarde despliega su lumbre sin visión,

esa que no olvida la agonía del día.

cuando la sangre tibia 

contempla la vena del suicidio

sobre la escarcha derrotada 

ante la embestida.


Huesos abrazados a la lava

que lloran debajo de la ausencia,

te recogen en  el silencio 

de  un monasterio 

en las horas muertas.


Ya descansa el silencio

el pájaro, encarcelado, muere mutilado

y el flujo de la sangre se marcha 

a otra era, donde descuartiza al pasado.


@José Valverde Yuste