Una verdad, sin tiempo, conquista tus ojos,
luz desnuda que revela destinos,
se hace piel en un idioma de raíces,
garras llenas de adjetivos en ti se adentran,
sin tregua, sin pausa.
Antiguas miradas
de un tiempo cosido con hilos,
astillas que estallan
sobre un mundo nuevo
donde te yergues firme,
antes que arda el vacío.
Tus caricias, sendero de estrellas,
bordado de amaneceres ocultos,
fibras de lunas que se enredan
en cascadas de anhelos,
se deshilachan en mi piel
como la cera de una vela de sangre.
Mi pecho dilata la intemperie del tuyo,
canta sobre tu alma, es como un estertor
de sílabas consecutivas que invaden
tu universo entero.
En ese sueño habita un verbo
que de tu boca emana,
creando mundos con su lira,
ahuyentando los miedos del árbol hostil
que acecha,
quebrando tus tallos de savia
con lengua de latido sincero.
Mujer, de la comisura de tus labios,
una ternura se escapa, ligera,
rosa perenne en un jardín
agitado por vientos llenos de truenos,
pétalos tatuados con luz
cabalgando hacia el desplome de la gloria,
donde el destello fugaz nace
en un momento lento, con música de fábula
allí, la epopeya de los cuerpos, callan.
@José Valverde Yuste