Tu amor entra en mí como el vuelo de la luz,
me consume hasta el hambre cuando pienso
en el fuego, aquello que me consume el ser
como si fuese un campo abierto
que desprende tus primaveras.
Te has apoderado de mí
sin que aparezca víctima ni verdugo,
como si los besos que arrastra el viento
viviesen intentando llegar
en una falda llena de caricias.
Como si tus curvas fuesen mis versos
y tú estuvieras manchada con la tinta de un poema,
viviendo en las veredas de mis dedos
cuando fabrico las estrofas.
Este amor no comprende
lo despeinado que me dejas cuando voy hacia ti
sabiendo que el agua aún no está en el río,
cuando mi tiempo se detiene a mirar
y comprende que aún la carne es olvido.
Este amor no sabe lo desorientado y desvalido
que vivo ante tus ondulados cabellos.
Por ti he robado una estrella
con su raíz mojada y sus ojos abiertos
como la luz de un mar oculto
que lleva en las olas el rastro de tu cuerpo.
Por este amor hay palabras coaguladas en mi lengua,
palabras que quieren salir para que las sientas
en tu piel impregnada de miedo y cielo.
Por este amor he desnudado mis labios,
he aparcado el aliento en tu ribera
y me he sentado a esperar,
para ver cuándo bordea el miedo
y se entrega sin enmiendas
a este naufragio nuestro.