Te amo
cuando las horas desnudan a la noche
no con luz, sino con la lentitud del tacto.
Mi deseo,
ya se extiende - sin prisa- sobre tu piel
cuando la noche permanece quieta.
Navego por la inconsciencia del alba
cuando apenas te roza el pétalo
de la rosa tibia.
Me acerco para beber
esa lágrima clara
que el sol no ha secado aún.
La luz implacable rasga la mañana
descubriendo lo frágil
de esa voz huérfana de amaneceres.
Brota lo húmedo como seda desgarrada
el rocío de ese diminuto cristal
aún se aferra a ese mar descubierto.
En ese puerto -bálsamo de la pena-
siento el sorbo de tu aliento
en esta noche de mañana con sed.
@José Valverde Yuste