Despojada de voz la vida
con el corazón eclipsado,
palpitando los huesos,
llenos de carne,
camina sobre aurora convertida
en temblor de espejos
sobre un amanecer pleno de fantasía.
Intento involuntario,
bruma en el cristal lleno de luces,
en columpios que retan a los pies
desoyendo a la vestimenta
de la que bebemos
como vanidades de honda mirada.
En la tierra, donde el sol se asoma,
los sueños germinan en la simbiosis,
surgen hierbas de mis pies ansiosos;
susurrando secretos, desafían al viento
que enmudece como gigante avezado.
Son señales de vida,
de luces que muerden,
me recuerdan que a veces,
en lo más profundo de la tierra que piso,
en su abrazo encuentro mi gloria,
aunque el camino sea áspero y frío,
En mis pies nace un bosque,
en mi alma un río.
Así seguiré, con paso constante,
nutriendo mis sueños,
me hablan voces de las aguas,
envueltas en brumas y sábanas vagas.
Cantan las corrientes en su curso,
como el eco de un tiempo ya ido,
un canto que fluye, secreto y tierno,
tejiendo historias en el ruido.
Y los vientos errantes,
me traen del sur su lamento,
desde las montañas
hasta el mar abierto,
las voces resuenan,
me envuelven en brazos
de un mundo de voz callada
Escucho las voces
en el corazón de la tierra, viva,
miro hacia el suelo
que abraza mis sueños,
las sombras se alzan al viento
que se lleva el sollozo eterno
de almas errantes,
que vagan buscando la paz de la niebla.
@José Valverde Yuste