Entras en mi inocencia
con tus trazos de mar,
esos espejos translúcidos
que flotan en mi deseo,
en este urgencia vibro
bajo tu hierba,
desgarrada por la ola ante su orilla.
Hablas a mi corazón
y le dices como era antes
que el mundo lo tocara
con tu fracción de manzana,
con los huesos blandos
de los satélites
que giran delante de tu columna.
Antes de perderme
en el milagro de tus muslos,
te miro atentamente
a través del cristal
con su escalofrío,
en aquel paisaje
donde galopa la piel.
Me desnudo ante tu sombra,
delante de tu perfil de violín
con sus notas místicas
y alzo el vuelo en esta sonata
de domingo.
Me derrumbo
ante la rojez de la huella
que tiembla en tu mirada
cuando hilvano
la espuma de tu ola.
Un simple silencio
congregado en la oscuridad
de las venas, azules,
ante el mar que me compartes
nervioso en su frontera
me eleva hasta la cima
de las plegarias.
Penetro en el temblor
de tu estrella,
casi exhausta, casi sin voz,
abrazando la miel
que confiesa a la serpiente.
@José Valverde Yuste