Qué bonito sería ver tu imagen
aprisionada en el límite de un cristal,
y sentir la ternura de un guiño
congelado en el deseo.
Pero mi amor no es mirada,
es una inundación,
la espalda de dos mitades,
el fuego suspendido, mientras afuera,
duerme el viento.
Mi amor es el río
que moja tus transparencias,
para hacerlo relucir
como un estallido de venas
que desciende hasta tu brillo sagrado,
la espuma que exhala el gemido
en el fondo de los mares.
Qué hermoso sería despojarse
de las leyes, ser una pupila de fuego,
sudar contigo a raudales
mientras los muros tiemblan
atraídos por la gravedad de tu boca.
Qué bonito sería ser estrella
que desciende hasta tu selva
e invadirla, a través de un viento de verano,
entre la espuma que amansa lo adormecido,
en el centro de tu mundo.
Qué bonito sería ser mar después del incendio,
y ver los luceros asomarse
con sus ojos de aguja hasta el borde del día.
Y tras el beso brutal y el abrazo de la tierra,
ser lo simple que ya ha sido premiado con todo.
Ser sol y que tú siempre estuvieses a mi lado.
@José Valverde Yuste