Envejezco en el extremo de tus ojos,
en ese umbral que me golpea
la mano virgen de tu sombra.
Eres lo vivo de las caricias,
el vacío desgastado de la mañana
cuando tu luz con su alto corazón
me llena de gozo.
Vivo en el musgo de tu flor,
en el volumen
donde desparrama el arrepentimiento
de tu osadía,
en ese contorno,
aún habitan en mí las sombras
que gritan al fuego
y abren la gratitud de la carne.
En esta noche tan larga
sé que adoras la inclinación de mis dedos,
cuando tus muslos
devoran la soledad de mi pájaro, desnudo,
mirando hacia el anochecer
del huracán de tu aliento.
@José Valverde Yuste