Vuelves a mi cuerpo desvelada,
esperando las leves horas
que brillan sobre tu boca abierta,
como un mediodía donde pernocta
una lengua prisionera de culto diario
a las olas.
Bebedora de lluvia en labios
de espuma universal, en capitel
de trazos licuados sobre piel de mar,
en maduros arroyos de procesión perenne.
Patrimonio de rocío en dehesas
de bramidos hinchados,
caminas entre higueras
donde el vuelo
aún no alcanza los pechos
heridos por relámpagos.
Clamor en arcos abarrotados de flechas,
emergidos en humedades de lactosa,
agonizando en el desfiladero
de la garganta.
Dilataciones de músculos
que abren entradas hacia las vías lácteas,
donde las manzanas son charcos de nácar,
entre luces que prenden sin prisa,
sin empujones al precipicio,
con las costuras siempre abiertas.
@José Valverde Yuste