Yo fui serpiente devorando tu cuerpo,
la mirada de tu angustia,
tus cascadas de lágrimas
me dejaron extasiado,
no te reconocía, temblaba
hasta el dolor de tus ojos.
Me subí a tu cuerpo y fui paloma,
surcando tus aires ateridos
consumé el vuelo en tu mirada,
y vi el azul cielo precipitarse
por la vaguada de tu escote.
Yo fui el pistilo de tu estigma,
la fragancia de tu piel,
el perfume francés
del aroma de tus deseos
convertido en amor de joven canal.
Renací de mis cenizas
y me convertí en fuego abrasador,
la revolución de tus hormonas,
el pirata que te roba el corazón.
Yo corrí por la playa solitaria
y me llamaban las olas,
porque en la espuma de sus crestas
estabas tú, candente,
como un géiser ante la nada.
Volé enloquecido por las onduladas
lianas de tus cabellos,
me balanceé hasta las lomas de tus pechos,
absorbiendo el néctar de tus brotes de alhelí.
yo fui camino,
subí por tus laderas,
esquivé todas las maldades
sintiendo el milagro del espíritu santo.
Fui barco, navegué entre tus piernas,
sentí tus terremotos,
vi salir la lava de tu volcán,
y yo, sediento de ti, naufragué en tus océanos.
Fui río, nací entre tus secretos de alcoba,
donde temblaban hasta los hierros,
caminé entre tus sábanas y te compuse una nana,
para que saciaras tu sed de amor.
Yo fui eternidad y volé contigo,
del suelo al cielo.
@José Valverde Yuste