Sé que no quieres recibir nada -mujer-
mientras la luz avanza con prisa de mediodía
tú te aferras al camino de lo ganado
antes que lo ocupe la niebla.
Sé que el sonido opaco
de las voces miserables
dibuja sombras largas
en el sediento silencio de tu mirada.
Sé que no pides las horas
sólo el calor oculto en unas palabras.
Unos roces de mundo
y el refugio de unas olas al caer la tarde.
Sé que deseas que te ilumine
una brisa que acaricie tu piel
que mil discursos de sueños embotellados
con los remordimientos de un te quiero.
Sé que solo quieres un instante
que dibuje de estrellas
el abrazo de una luz sin anochecer.
Tener la comprensión de la luz con la noche,
del silencio ante las caricias con ruidos.
Lo colgado en la puerta de entrada
antes que la sombra vuelva a ser
el silencio donde se rompe
el cristal de tu sangre.