Durante la noche, cuando tu cuerpo
se transforma en una costa inexplorada,
los deseos, no exentos de malicia,
esculpen flores sobre el musgo
que arrastra la marea.
Miro tus párpados cerrados,
dos lunas suspendidas del santuario
de tu respiración.
El río es un bosque de plata suspendido,
en este tiempo, en los surcos de las vértebras
de tu espalda me hundo.
Poco a poco el incendio va aumentando
la hoguera, consumiendo los inviernos,
transformando el frío en sangre
con ojos abiertos.
En esta tormenta, la carne deja estelas
de fósforo entre las sábanas, hay un goteo
de océano, me quedo suspendido,
impregnado de ti, he tatuado tu cuerpo
para que sigas floreciendo
@José Valverde Yuste