Pienso en los oscuros ríos
que he de atravesar
en el calor de un mar sin brazos,
en el fondo de una boca,
que casi siempre es ligera.
Me entrego a la calma
de la que vive el día,
la orden inminente
para naufragar en un barco
de metáforas frescas.
Despierto en la dormida senda
de los ofidios,
exploro el confín de cada fibra,
una caricia cruda
que responde en la piel del otro
cuando supuran ríos de la luna.
Una emesis cautiva por años
aparece por el umbral del alma,
lo sutil de la bóveda,
sentada al final del día
por el yugo de la razón.
Deslizo la mano
bajo el encaje y el peso del vestido.
por el aroma del perfume,
avivo el contorno
rompiendo el invierno.
Soy un abrazo de víbora reptando
entre flores tibias
buscando la mañana
que desdibuja los linderos.
El pulso busca el volumen
de la piel desnuda,
la victoria de la propia vida
sobre los soles de las piernas
desprendidos de sus otoños.
Pienso en el rayo perdido,
en el rincón
donde florece la promesa,
en lo tierno de ti, mujer.
En el espacio donde llueve
en el bosque, muerdo
la fruta encendida
el hambre del hombre.
@José Valverde Yuste