Esa hoja en el suelo, carne con circulación asistida,
con su ictericia perpetua, fiebre que la consume,
ya no escucha las voces del bosque
sobre el vasto suelo donde se extingue.
La fragancia de los recuerdos en savia,
con el viento eterno, ahogados en el aire inmenso,
partieron en volátiles membranas
de una vida con su corazón de nube.
Hoja amamantada de nostalgia,
ofendida en la nada de la vida,
rastrera yaces,
pisoteada por los pasos del mundo.
Dando alimento a la esencia divina
donde todos volvemos.
Mundo incierto de paso lento,
sin ropaje, desnudado en la penumbra del olvido.
Sueños de adiós en la caricia destructora del tiempo,
gemido de un cosmos ciego y desconcertado.
Ya tu rojo corazón,
veta de savia embalsamada, no despertará,
se encamina en un denso silencio de raíces
hacia el ciclo eterno de la tierra que te reclama
@José Valverde Yuste
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