En mis noches sin sueño, te imagino,
cuando la luna desfila con su cuerpo de vena herida,
en brazos de un coral embaucador
que llega como la niebla,
dormitando en la suavidad de su lecho,
como remanso de paz de arroyo
abrazándome en mi árido fuego.
Acompañas mi soledad de vena fría,
apareces de pronto como las citas espirituales,
con tu presencia sutil, en la penumbra de la luz,
llenas mi alma de un sentimiento de choza vacía.
Enredados en la noche, tú y yo,
como sombras que sólo hablan con la oscuridad,
con los susurros que se anudan compartiendo
arena de playa sobre aguas negras,
nos detenemos en el tiempo sin desenlace,
sin decir adiós.
En este sacrificio de estanque muerto,
en el borde de la razón,
mi mente te evoca y te imagino, alma triste,
buscando caminos en mi vigilia
como árbol que ignora su sombra
a ras de la hierba.
Te veo encriptado en el fuego
que enciende las penas de mi interior,
ojos hundidos en tierras tropicales desérticas,
a veces, pones calma en mi caos,
eres mi alimento.
En este sueño de pasión adolescente
con flores agotadas te busco, rosa del desierto,
entre sombras y susurros me haces temblar
en la madrugada de los silencios.
Un abismo de luces y sombras se ha creado
donde tu mirada perdida es un surtidor
de caricias sin retorno,
en este mar inquieto de olas que mueren en la roca,
meditando con el aire gigante de la noche.
En tu vacío nocturno, mi alma se desvanece
buscando la luz de tus ojos,
siento que no perteneces a este mundo
lleno de enigmas y secretos entrelazados,
Pero alargo mi mano
buscando palomas, fresas flotando
en el mar de tu vientre
y hallo un vacío inmenso.
©José Valverde Yuste
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