Tras las gotas de lluvia,
en cristal tembloroso, veo tu chaqueta,
escucho tu voz de torre dormida,
mientras veo la luz que en su vuelo
cruza los valles desiertos,
donde se acurrucan mis latidos, llenos de ti.
Liviana luz que se enciende a solas
golpeando las tormentas
que no son más que rayos
con huellas en la piel,
dejando marcas de vida.
Tu rostro, un menguante de luna altivo,
brilla con luz propia,
despeinando abismos insaciables.
Como en los viejos tiempos
te aferras al rocío,
que abraza los caminos callados
sacándolos del silencio de cordillera.
Flotando entre sombras y claridad,
eres faro en mi mar de incertidumbre,
guiando mis pasos
en sol que no quiere despertar
sino seguir enterrado en tus desvaríos.
Bajo el arco de tus cejas
se esconde la fiera que amasa mi ternura.
En tu pensativa mirada cae el vértigo
al umbral de los secretos que no se desvelan,
extendidos sobre un eco de un silencio
que se alza y enmudece ante el cristal del ángel
que nos acompaña. Allí, sopla la brisa.
@José Valverde Yuste
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