Habla, que no callen las palabras
que la lengua dibuja en el aire,
simetrías sin fin,
saltos de pared inabordables,
ante estatuas con ombligo
que son reliquias.
Siente ese viento ligero
que se disuelve, como barra libre,
entre tus senderos,
no es el aire,
es mi amor que te acaricia,
los ojos de mi piel,
extasiados, en la tuya.
Mírame con ese fondo sin límite
de tus pupilas, esos dos astros fijos
que dicen lo que tu boca esconde,
los deseos encarcelados
en versículos de sacristía.
Te tiemblan las piernas
cuando escribes sobre el miedo
de este amor que quiere volar,
esta voz que habla a tu cuerpo,
en el latido más puro
que siempre vuelve.
Tus ojos no miran:
hablan con un lenguaje
que avanza hacia mí;
una música celestial
que se hunde en mi pecho,
como un veredicto dejado
a su libre albedrío.
Allí, en el fondo de esa luz,
bajo las alas del pecado,
está el deseo desnudo,
el amor sin nombre,
la palabra total que tu voz
ya ha aprendido a pronunciar.
@José Valverde Yuste
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