No me importa que vengas sola
con la sangre derrotada
vestida de besos aún confusos;
pero ven despojada de historia
como un río que olvida las riberas de lo conocido,
desnuda como aquel relámpago
que pisó la húmeda arena.
Espero no hayas olvidado los nombres,
ni el puñado de vocablos
que hacían temblar todo.
Deja olvidada en la esquina la falsa sombra
de los que se resignan a vivir
sin el choque de la sangre.
Ven con tus manos hambrientas,
con el pecho cargado de equipaje,
sin taras,
pisando el suelo
que se quiebra antes de sentir tu beso,
la pureza que de ti emana con la sed de la ternura.
Aprovecha todo el saber para conocerme otra vez,
ya he dejado lo maligno en el armario,
ahora me visto de infancia, con ropajes de primavera;
te pido que alimentes mi derecho al fuego,
así que abro mis manos y me entrego a soñar,
henchido de tus mares y sus islas.
@José Valverde Yuste