Sumergidos en la corriente
donde fusionan las estrellas
en la curva del río que fecunda tu tierra.
Abierta al vuelo,
el tiempo nos consume por la colina
que oculta el caserío del temporal.
Es una ola de verdor
con tus tirabuzones,
pletóricos de calor del día,
Sosteniendo el territorio
donde no existen las aduanas
y respiras del beso de la noche
cuando te devora la montaña.
La luz cae sobre la corteza del almendro
devorando la piel efímera de la raíz,
ahí te agarras tú
cuando me sientes convertido en vuelo.
Sí, este amor tiene vocación de agricultor
y nos enseña a sostenernos en pie
en mitad del viñedo
como dos cepas que se entrelazan
baja la tierra dura
con las uvas abriéndose a la vida.
Es una forma distinta de cavar la carne,
no hay cristal ni algodón
sólo la huella que deja la lluvia
cuando el empuje del viento se detiene
al caer el sol de la tarde.
@José
Valverde Yuste
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