En ese
latido hondo de la hora,
callas,
respiras y esperas.
Interminable
archipiélago
donde los
sueños se abren,
como
azahares.
Mientras, el
corazón,
rendido en
la sombra,
desnuda
al alba,
un latido aprieta
las
mandíbulas de la noche.
Un temblor
frena al tiempo,
el frío se
quiebra
ante el roce
sutil de tu presencia.
@José Valverde Yuste