Hoy siento el vacío
de tu luz entre los huecos insensibles
de mis dedos.
Este puente es un testigo con ojos
del fulgor de la carne
que todavía me nombra.
Este silencio es posterior a la palabra,
cuando la bajamar, sin tregua,
se ha instalado en tu vientre.
Este amor es ya la grafía del sudor
sobre la piedra,
el deseo ya no se escribe con saliva
se queda mordiendo el día
sin hacer uso de la noche.
Hoy ya no invoco tus aromas
te siento en la penumbra
de mi desasosiego.
Eres:
un latido de invierno,
una tierra con jardín sin flor,
una escaramuza sin temblores,
un fémur atrapado por un coxis.
Sí amor, siento que este Dios
que nos habita
prefiere la insensatez a la cordura.
Trae las manos llenas
de arena con chapapote
y roza los días
que ya no tenemos.
Pero aún me queda la piel,
contemplar el aroma de las estrellas,
el inicio de la luz sobre el limonero,
la fruta con la que sueño
en la sagrada impiedad de tu cadera.
@José Valverde Yuste