Desde
esta paz
me
pongo a hablarte
de
la brevedad del silencio,
la
daga que anidan las palabras,
los
cerrojos eléctricos de los hormigueros
que
usamos como viviendas.
Nos
comprimimos
como
la velocidad en el aire,
con
la mirada anclada en una radiación,
la
pasión de una lámpara
asomada
al quicio de la puerta.
Yace
en mi pesar la llama infinita
de
las bondades,
la
oscuridad rota
ocultando
entre viejos ojos
la
tristeza.
Portales
emitiendo mensajes
carentes
de luz,
ardiendo
sobre pechos solitarios,
desesperados.
Susurros
de vida tropezando con caníbales,
caminos
inciertos,
sueños
tejiendo esperanzas
con
hilos de cáñamo.
Fuego
de mensajes incendiarios
donde
la gente se reconoce,
simulando
el resplandor
en
hombres que son cloacas de poder.
El
río profundo que alimenta el alma
de
vanidades,
esos
refugios, símbolos del amor,
vestidos
con sábanas en desuso,
un
mundo tumultuoso que corre a la deriva.
Hoy
he descubierto
que
esta civilización está muerta,
camina
a la inmundicia.
@José Valverde Yuste
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