En este momento despierto
con las nubes bordando mi tristeza,
en este pulso de sal, este abandono
de quien espera la luz y ya no enciende.
En un faro de costa abandonado,
sobre una torre que ha olvidado
el lenguaje de los barcos, amanece.
El mundo es un cristal
que no se atreve a romperse,
me quedo en el borde de mi mismo,
en la orilla de lo que fui,
naufragando por dentro a solas,
contemplando los frondosos
suspiros de la mañana.
En ese instante sin tiempo
los gráficos de la aurora
me acarician la calma,
veo los puntos negros en los recuerdos
con una claridad que asusta,
me picotea el desdén que me queda,
esa forma mía de estar ausente.
La palabra enmudece a la llama
convirtiendo lo ignífugo en un ser diluido,
que cada mañana deshecha, gime,
al sentir las dormidas notas del viento,
en este sueño que calma el oleaje de mi sangre.
@José Valverde Yuste