Asomamos los ojos
a través de la grieta.
Fuera de la cáscara
el día es un animal limpio
que nos espera.
La respiración de lo otro
nos ha inundado los pulmones.
Ya no somos los amantes
que se duplicaban en el espejo,
somos criaturas desnudas,
recién nacidas a la luz
de un cielo nuevo.
El huevo de la noche
se ha quebrado para siempre.
Caminamos sobre los restos
de la yema
sabiendo que ya no hay muros,
y que el parpadeo del cielo
es ahora
el ritmo de nuestro propio corazón,
abierto a la intemperie de la vida,
a la bondad de lo efímero.
@José Valverde Yuste
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