POEMAS DE IMÁGENES, MI PUEBLO, GENERALES, DESAMOR, POEMAS CORTOS. MUNDO POESÍA

TÍTULO: RECUERDOS


 


Voces de letanías brillan en tus ojos
como estrellas caídas en un lienzo.

Susurros de estelas
reflejos de un mar de existencia dorada,
bajo el vuelo de la luna contemplativa,
un abrigo de sueños se va desnudando,
cautivas sonrisas
en el rincón sombrío de la memoria.

¡Oh!, ojos que narran las penas,
ráfagas difuminadas, errante soplo de luces
pintando de colores las auroras imprecisas.

Viento destronado por la niebla
con susurros de amores que nunca llegaron,
un laberinto de prebendas olvidadas.

Los espejos se quiebran, te busco a tientas,
mis pasos son lentos,
en mi muestrario de sombras encantadas.

Eres un suspiro,
un rayo de luz en un pozo de sueños
iluminando senderos que el tiempo deshace.

@José Valverde Yuste

TÍTULO: ME DUELE EL VACÍO


 

Me duele el vacío de tus ojos,
cuando penetran en los míos
ya no crecen amapolas en sus prados,
están preñados de aliento de ola.

Aún recuerdo tu nombre
de habitación vacía,
y aquellos largos veranos
donde el tiempo era fuego
en el manantial que yo adoraba.

Esos ojos manchados de oscuridad
tienen demasiadas escafandras que retirar
en el contraluz de la aurora.

Embrujado entre tus piernas
con hambre de comensal
solo encuentro aliento de pastor en tu mejilla.

La inconclusa visión de una realidad
de cuerpo sumergido en párpados
con orbitario de cine.

Cansado de la inocencia
de tus aguas cristalinas,
contemplo el mundo a través
de lo que me ahoga,
el profundo morir de mi pecho.

La pureza ensalzada de tu alma
invita a soñar con el asfalto,
ardo en tus desiertas avenidas
cuando no amaneces junto a mí.

Sangre de vena herida
que antes de ser surtidor
subió a mirar los ojos a la vida.

@José Valverde Yuste

TÍTULO: CUANDO TE VAYAS



Te has ido, te recuerdo
en aquella lánguida habitación
de candil apagado,
donde tú eras ola vacía
sin respiración en tus labios;
y yo, el espectro ausente en el prado
donde habita el invierno.

Me visitas como una fruta que baja del árbol,
con los emergentes rayos de sol en tu mirada,
traspasando el límite de lo imposible
que asoma al abismo del horizonte.

Me abrazas como se abrazan
las casas abiertas, los corazones
que disfrutan de la esperanza,
lejos del encierro de fría mazmorra
donde te has instalado.

El viento, silbando a mi ventana,
es tu llamada, el compañero
que entra por las rendijas de mi vida
haciéndome compañía bajo la mirada
del balcón, ya sin flores, como un reloj apagado
que duerme conmigo en mis noches de tinieblas.

Tú, me acaricias,
me recorres suavemente,
como la flor primera, como una paloma
surca la tarde con su vivaz blancura.

Eres la sirena de mi desangelado mar,
la que mantiene mis soñares
en esta nostalgia de lágrimas sedientas de ti,
soy una selva que busca tu compañía,
y me visto con la sombra de tus ojos.

Me miras con la mirada
de los ángeles, con ese tenue halo de luz
desde el valle de la eternidad
donde conviven miles de almas solitarias.

pero tú, no estás sola.
Vives con mis sentimientos,
en esa morada donde habita
la fantasía de lo inimaginable.

Estás conmigo todas las mañanas
de esta existencia de nube solitaria
que me ha tocado vivir
cuando el invierno alumbra las paredes
ya sin herida.



@José Valverde Yuste

TÍTULO: AMOR DE ARMARIO


 

Este amor de armario
vestido con pétalos que no envejecen,
aguarda ese viento con aroma a nube
y niebla rendida al sol.

Esa memoria no muere:
es el límite del deseo
donde navega la adolescencia,
mirando al cielo
lleno de declinaciones,
de alas acurrucadas en las sombras.

Lleva la llaga que tatúa en el aire un lamento,
la luz que destierra lo vanamente inestable,
más allá de los límites de la ladera
con un tímido olor a corazón clavado
en la vergüenza.

Contiene tierras que jamás se alcanzan,
territorios que no callan nunca
entre susurros de dolor y placer,
silencios que todo lo abrazan
buscando las huellas borradas tras de mí,
con los párpados cerrados.

Tiene una mirada vacía, me observa,
cuando me parto en mil pedazos
en este viaje agreste y quebradizo,
la hiedra ya no mora ni trepa
en lo dulce de la vida,
vuela en la altura del recuerdo.

¿Es sueño o eterna florecilla oculta,
esa oscuridad que la brisa arrastra?.

Efímero, intangible,
su esencia en nuestra memoria queda.
Al tocarla se desvanece en el armario
donde el aroma fenece, oscurecido
en el crepúsculo de tus ojos.

©José Valverde Yuste

TÍTULO: EN LAS ESQUINAS DE LA ALCOBA

 



Amor, eres mis deseos cumplidos, 

esos que cultivé en secreto 

la larga primavera cuando el trueno era dulce

y la tierra se escapaba.


Eres también mis fracasos a tu lado, 

porque caer contigo es más hermoso 

que vencer con otras,

es un mar desnudo peinado por la luz.


Acepto la derrota si se escribe con tu nombre,

acepto la herida si eres tú quien la habita, 

porque en la pérdida de mi soberanía 

he encontrado la única patria 

que me reconoce.


Por eso, en la alta noche, en el lento discurrir 

de la sangre, 

cuando la soledad muerde las esquinas 

de la alcoba, 

le he dicho a este corazón desesperado:


Que se detenga un instante, guarde sus garras, 

tenga un poquito de razón, recuerde las leyes

e intente imitar la calma de las piedras  

o el orden de los astros.


Deseo esta paz, este amor de celeste luz,

entre pisadas de mañana con ojos extendidos,

y viajar en medio del oleaje 

de tu mirada felina.


@José Valverde Yuste


TÍTULO: QUE CALLEN LAS PALABRAS


 

Habla, que no callen las palabras

que la lengua dibuja en el aire, 

simetrías sin fin,

saltos de pared inabordables, 

ante estatuas con ombligo 

que son reliquias.


Siente ese viento ligero 

que se disuelve, como barra libre,

entre tus senderos, 

no es el  aire,

es mi amor que te acaricia, 

los ojos de mi piel,

extasiados, en la tuya.


Mírame con ese fondo sin límite

de tus pupilas, esos dos astros fijos 

que dicen lo que tu boca esconde,

los deseos encarcelados 

en versículos de sacristía.


Te tiemblan las piernas cuando escribes

sobre el miedo de este amor que quiere volar,

esta voz que habla a tu cuerpo,

en el latido más puro que siempre vuelve.


Tus ojos no miran: 

hablan con un lenguaje que avanza hacia mí;

una música celestial que se hunde en mi pecho,

como un veredicto dejado a su libre albedrío.


Allí, en el fondo de esa luz,

bajo las alas del pecado,

está el deseo desnudo, el amor sin nombre,

la palabra total que tu voz 

ya ha aprendido a pronunciar.



@José Valverde Yuste




TÍTULO: NO ES LA NOCHE LA QUE ME EMBRIAGA



No es la noche la que me embriaga

es la explosión secreta de tu sangre,

esos ojos que me miran con el abismo 

de tus pupilas.


El estallido de tu mirada

reclamando mis límites, no los de ángel,

sino las llamaradas que me conducen a tu huerta.


Quedo estático, no contigo, 

sino dentro de ti,

fundido en tu jardín de llamas puras

en la resina de dos mundos que nunca mueren.


¡Amor!, no siento tus venas

navego por ellas como un animal sediento,

porque amarte es entregarse a la tempestad

y ser: hiedra, fuego y lava en el mismo instante

que te siento y te respiro.


@José Valverde Yuste



TÍTULO: LA MUJER Y EL MAR

 



La veo caminar hacia la espuma,

despojándose de su vestido,

sin nombre,

sin la prisa de los lunes,

ni el horario de oficina.


Va desnuda, libre, sin prejuicio,

un relámpago de carne entrando 

en la casa de la sal;

dejando que la luz

se adentre en sus muslos,

y el látigo de sal y agua

le lama las caderas.


El agua entra en sus lunares,

en sus dudas,

hasta los confines de la espalda.

Yo me quedo observando su cuerpo 

desde la arena,

veo en sus pechos la misma curva

que en la ola,

y como el mar la recibe sin preguntas.


Ya está totalmente sumergida, 

ha perdido sus bordes, sus límites;

no hay distinción clara,

dos almas en una 

bajo un cielo contemplativo.


La carne y el agua

latiendo por siempre

en esta inmensidad

que mis ojos contemplan.


@José Valverde Yuste


TÍTULO: ME ENVUELVO EN TU ALFABETO


De la noche a la mañana; 

acostumbrándome a notar como, 

lentamente, las yemas de mis dedos 

dibujan un paisaje sutil 

en la inmensidad de tus pechos. 


Recorro en ti las rutas de las tentaciones,

mis manos descifran tu piel con un lenguaje

de palabra breve.

con la ligereza que vuela un ave,

como un mar que busca mi contacto para existir.


El oleaje silencioso, en forma de espasmo,

sube hasta tu pecho, ya no eres solo cuerpo,

eres la luz del amor, 

la madera que arde sin consumirse.


Me envuelvo en tu alfabeto de venas

buscando sueños, 

en las llanuras donde bebo tu silencio.

Siento la corriente que te desarma,

el río subterráneo que sueña en mis brazos.


Te agitas como un árbol 

sacudido por una ventolera,

mana el agua profunda donde flotamos,

en el milagro de este caos que nos une,

Ahora somos luz perpetua.


@José Valverde Yuste


TÍTULO: LAS TARDES DE OTOÑO

 






Las tardes de otoño, con su tristeza de arena, 

mueren en mi ventana;

sus dedos cargados de olvido

se levantan entre nosotros, 

flotando entre las sábanas, latiendo  en mi pecho,

en esta sombra más alta que la noche.


No quiero llorar como una piedra

que rezuma lluvia, ni ser un pájaro ciego

que vuela contracorriente, más bien

espero oír cantar un jilguero de plata pura,

celebrando que estás toda llena de respiración.


Te miro y te nace la aurora de los ojos,

te observo y te escapas más arriba de tu sueño.

Eres divina, inalcanzable,

la locura de un atardecer en su ocaso,

incendio de oro que gobierna el templo de nubes

donde quiero tocar tu alma limpia.


Déjame descender despacio, 

como la nieve que no pesa.

hasta la llanura, lo fieramente dulce,

lo bendecido por la luz que canta a la mañana.


Entro en tu espacio no para romperte,

sino para amar el tiempo contigo, 

quedar suspendido del fondo de tu pecho, 

desintegrarme en la ventana hecha de gotas 

que resbalan hacia abajo, tocar el pomo de la puerta

y desaparecer lentamente.


@José Valverde Yuste