¡Oh amor!, no dobles más mis párpados,
ni me entregues a los días,
mantén vivo este soplo de carne,
no permitas que la noche olvide
el respirar de tu nombre.
Deja que mis manos te reconozcan
entre las notas de arpa
que supuran de tus pechos;
circulen por las esclusas de tus venas
y mis pasos no busquen sólo
el suspirar del viento en tu piel.
Déjame morir en tu mar furioso,
en el invierno que cuelga de tus deseos,
en el límite de la espuma,
donde se ocultan los peligros
y cala en mí la veta de cuarzo
que a ti te alumbra.
Amor quiero pertenecer a tu sombra,
a la juventud de tu amanecer
ser el invitado que viaje en tus nubes
porque todo muere menos tú
que renaces eternamente.
@José Valverde Yuste
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