Este silencio es un vacío que se viste de sombras. La vibración sorda donde tiembla el miedo y las palabras se ahogan
en sueños de crepúsculo vacío.
Susurra al alba con su luz oscura, se aferra a la flor mustia
como pena ahogada en la memoria sufriendo con el ruido de mi música.
Es un río de dudas
que busca tras la muralla el puerto de nuestro lenguaje
con esas miradas picoteando el cielo.
Es mi silencio un diálogo mudo, un viaje al país de la muerte, una calma helada donde el aire pesa y se siembra tristeza en el vuelo rasante donde el réquiem nunca muere.
Mi silencio es una lágrima cayendo en un río profundo por aquellos que amé cuya luz se ha perdido en un mar de un mundo incierto con su mirada convertida en sueño.
Nacida de rocalla soy, la turquesa orquídea, mi ser se nutre de la belleza y la alegría en las altas montañas y en las planicies, van mis rumbos de aroma al viento, mis delicias.
Mis pétalos son la sinfonía de colores, que bailan al compás de la brisa, mi fragancia embriaga los sentidos y en mi presencia todo se torna suave.
Soy la esencia de la primavera eterna, la flor que florece en cada corazón, mi belleza es infinita, como el amor, que nace en el jardín de la pasión.
Las mariposas danzan a mi alrededor, los pájaros cantan en mi honor soy la flor más hermosa, la más pura, la que simboliza el renacer y la ternura.
Nacida de flores soy, en mí crece la vida, soy la orquídea, la más querida. En cada pétalo guardo un secreto, de amor y esperanza.
Soy la flor que nunca se marchita, la que florece en el jardín del alma nacida de flores soy, etérea y divina, en mí se encuentran la paz y la armonía.
Amor, tu belleza son las olas
de mi mar, un borde de luz es tu sonrisa. Un dulce sonido latiendo de
forma sincera en los arrabales de tus brazos
me he convertido. Irradias en mí tu felicidad, en tus ojos brilla el día, la esperanza se convierte en el brillo de tu mar, mis sombras se disipan, se vuelven deseo, te desnudo en el pico de un pájaro con el elixir de la savia de mis manos. Te siento como algo que supera lo prohibido como un sueño oculto en la memoria de mis anhelos, si el cielo te trajo, bienvenida, en tu ser, mi alma se alumbra. Por pensar así, la felicidad se imanta en mi cuerpo, porque en cada caricia florece el destino, nuestros corazones hacen del amor un viaje, la belleza bailando al compás de delirio de tus labios. Amor, ansia de mi jardín, puente que socorre mi devenir das vida a mis horas, a mi andar cansino, y mientras el mundo gira aturdido, contigo en mis brazos, todo es una dulce voz de susurros Amores sumidos en el celeste mundo enfebrecido La música hace bailar al bosque del olvido. El goce del placer, la redención de la armonía asciende dulcemente por mi cuerpo Y me dejas tu cuerpo imantado por el latido del deseo