En el silencio,
cuando la noche pide lo posible al júbilo,
me empapo de tu silenciosa presencia,
mientras los espejos se suben
hacia nuestro pedestal de sueños.
Siento la impronta de tu alma,
el temblor liviano del deseo,
el agua me arrastra hacia ese abrazo mudo.
Siento la calidez de esos besos
que huelen a mirada quieta,
mientras suben hasta tu pecho.
El río se hace manso,
un cauce de luz nos envuelve,
ya no hay leyes ni sombras,
Sólo, esta paz, desbordada.
Se enredan mis piernas en las palabras,
busco la suave textura de tu piel.
Bajo desnudando tu traje,
en estas horas tan íntimas,
miro lo prieto, lo que me asfixia,
de estos acordes con golpes de viento.
Ya vivo en el vértigo,
las leyes sin origen,
guardo el sueño en el parpadeo,
viajo hasta lo inexistente,
al borde del sendero, ya sin eco.
@José Valverde Yuste