En ese instante sempiterno
de placer profundo,
es un desorden donde la luz
se apaga.
Yo te miro
en los acantilados donde lo dulce
se apaga, enmudecen los gritos.
Aún hay rastros en las sábanas,
la mirada sigue esparciendo
su estupor.
Ya se durmió el espasmo,
el suspiro rezuma lo vivido
con los ojos vueltos hacia el vuelo,
voy buscando la orilla
donde tañen las campanas.
Ya vivió la gloria la carne,
el alma ya lo dio todo,
la rama claudicó
ante el místico fruto.
El sol se ha extendido en los pétalos
del gozo, sobre la alcoba,
y lo que fue estrépito
es ahora leve onda,
de un péndulo, mudo.
@José Valverde Yuste