Todo es pantalla en tus ojos,
un encuentro en tierra de nadie,
un hotel sin habitaciones donde el amor
es un apagón de última hora
en medio de un abismo que vibra
con alas de relámpago.
Sientes el silencio donde la vanidad
nos hace pequeños,
en ese instante que parece un rezo,
me tocas sin manos, me sientes sin piel,
no te queda otra forma de tenerme.
En esta urgencia,
tu corazón sangra y no se esconde,
mientras vigila la caída un ángel
que sabe adorar al viento y agarrarse
a un farol allá a lo lejos.
Una amalgama de sensaciones abren la puerta
a instantes de iris abrazados a las curvas,
donde nace el deseo y el placer se esconde
entre dedos sedientos
que sólo saben jugar desnudos
ante una sombra que me devora y me hace eterno.
Cuánto orgullo derramado en esta necesidad
que todo lo entiende,
ante esta ceremonia de palabras,
sobre carne desnuda, afloran las anémonas
en esta cavidad profunda, desierta y falta de cariño.
Insaciable rotura sin descoser,
alma martilleada por dedos furiosos,
canto agónico de un ruiseñor en la sombra,
cuando despierta el día sin faro, sepultado
por el iris inmenso dormido en el valle.
Gotas de amanecer densas
se agitan en la mitad de la cueva,
en el centro de la tierra,
un reloj sin hora nos avisa.
No habrá mañana de domingo
sólo un mediodía eterno devorando los cuerpos.
Los pliegues duermen en estatuas exiliadas,
el tiempo es sólo un rumor sepultado en olas
bajo un solitario cielo de un mar profundo
donde las pestañas rozan el cielo.
©José Valverde Yuste
Olga Avtomovici. Un poema magnífico y canciones cautivadoras con una motivación maravillosa, imágenes relajantes impresionantes. ¡Enhorabuena!
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