En ese instante eterno,
de placer profundo,
te miro en el umbral del cielo
aunque divagan las voces.
En cada estrella fugaz
nace un espasmo,
un suspiro se eleva
hacia la nada, a la orilla
donde le espera el deseo.
Un ciclo de fuego
con final efímero,
donde la vida tañe
a las campanas,
me guía a la orilla
donde el sol se pinta en trazos
perfilados en leves ondas de péndulo.
Antigua forma devastada,
triunfa lo sencillo
de la desnudez de la tarde
emancipada la luz de la ola.
Sobre un jardín,
que ya ha florecido,
en un mundo nuevo,
brota el manantial
y el mundo se pinta
con otra dimensión.
Entonces los ríos
acompañan a los árboles
apesadumbrados.
@José Valverde Yuste
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